¿Quién es quién?

Según publicara esta semana el diario El País, el ministro de Desarrollo Social Martín Lema, comentó que el análisis que hace el gobierno desde su ministerio no lo realiza con “especulaciones electorales, sino con rendiciones de cuentas que le lleguen a la gente”.

Al mismo tiempo el titular del Mides considera que la oposición representada por el Frente Amplio solo piensa en las elecciones de 2024.

Según su apreciación, a los pocos días de asumir el gobierno de Luis Lacalle Pou ya se escuchaba a varios dirigentes frentistas pedir “cacerolazos” en torno a la aparición del covid-19 y esa política opositora de total rechazo a cualquier propuesta que provenga del gobierno, sea este responsable o no, se ha mantenido hasta el presente.

El ministro hizo alusión a la pandemia, al conflicto bélico entre Rusia y Ucrania y al “trancazo” del Frente Amplio a todo lo intentado por la Coalición Republicana como obstáculos permanentes al desarrollo de las políticas programadas.

Por su parte, el presidente del Frente Amplio, Fernando Pereira, pidió esta semana la renuncia de los ministros Luis Alberto Heber (Interior) y Francisco Bustillo (Cancillería) por su cercanía y eventual vinculación con el polémico caso de la entrega del pasaporte a Sebastián Marset.

Ante esta situación, el senador nacionalista Sebastián Da Silva retrucó al pedido del presidente frenteamplista, expresando que “Pereira ha demostrado que sigue siendo un sindicalista, y que mantiene discursos de barricada, que ha perfeccionado durante los años de no ir a trabajar con la plata del pueblo, algo que ha sido la característica más sobresaliente de su persona”.

En democracia, es de norma que quienes ocupan los cargos de gobierno intenten gobernar y quienes se encuentran en la oposición pongan palos en la rueda a sus proyectos. No debería ser así, pero en la práctica es así como funciona, al menos en nuestra concepción latinoamericana de las cosas.

También es cierto que algunos han intentado gobernar a contrapelo de la Constitución y las leyes – aunque terminan siendo controlados – mientras que otros, aun ciñéndose a ellas, no logran encaminar sus proyectos debido a la permanente oposición de sus contrincantes.

Hasta aquí todo parece ser muy normal en el Uruguay democrático al que venimos acostumbrándonos desde hace ya casi cuarenta años.

Sin embargo, vale la pena recordar las palabras de Jean François Revel de su libro Como terminan las democracias, para imaginar a qué podrían conducirnos tan naturales y rutinarias situaciones.

Dice Revel: “El poder totalitario no tiene otra meta que su propia supervivencia, es decir, la de su Nomenklatura y la ampliación de su imperio. El dirigente democrático debe, en todo instante, probar a sus conciudadanos que les procura ventajas tangibles, o al menos convencerles de ello.” Y es ese el enfrentamiento que está hoy planteado.

Una pugna entre una oposición irracional que busca los votos de los eternos descontentos y el gobernar probando resultados.

Pero mientras el gobierno nacional se desgasta respondiendo a las agresiones injustificadas de la extrema izquierda frenteamplista, un intendente de la oposición que busca candidatearse a la presidencia logra ponerse a la altura del presidente de la República en algún eje de la discusión política, mientras efectiviza obras que generan “ventajas tangibles” para sus gobernados en su departamento.

Situaciones claras, resultados confusos.

A esta altura del campeonato, es hora de preguntarse quién es quién.

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