El mejor salvavidas para esta compleja etapa

Se ha dicho tanto sobre la volatilidad actual pero poco se ha trabajado sobre esas habilidades que hay que ejercitar para estar listo a la hora de ajustar velas cuando todo repentinamente evoluciona. 

Algunos prefieren ser solamente espectadores y describir los dilemas. Se han convertido en meros relatores del paisaje. Observan todo minuciosamente, lo analizan en detalle, pero jamás dan un paso adicional.

Son capaces de sufrir con las tragedias inexplicables y disfrutan de los éxitos circunstanciales, pero no aportan ningún esfuerzo en la labor de optimizar su propia dinámica para estar preparados ante el incierto panorama que propone un porvenir que ofrece más preguntas que respuestas.

En temporadas tan sofisticadas y ante la abundancia de literatura específica que orienta al efecto lo más apropiado sería dedicar energías a prever situaciones en vez de caer en el perverso artilugio de lamentar los daños que trae consigo el no hacer nada concreto sobre ese tópico.

Claro que los desafíos de esta era no son tan lineales ni previsibles como sus antecesores. En el pasado proyectar lo inusitado era igualmente engorroso, pero esos dramas no se presentaban con tanta vertiginosidad, ni tampoco su impacto era tan inimaginable ni alarmantemente global como acontece ahora.

A estas alturas el aprendizaje ya debería ser parte del recorrido. No puede seguir siendo este un fenómeno tan aluvional. Lo novedoso ocurrirá de un momento a otro, las invenciones llegarán y modificarán las reglas de juego, lo impredecible se masificará a gran velocidad y la tecnología multiplicará las bondades, pero también sus ondas expansivas generarán consecuencias colaterales indeseadas.

Tal vez no se pueda precisar con absoluta contundencia cual será el siguiente eslabón de las transformaciones, pero si se puede afirmar que lo que hoy se conoce seguirá mutando bajo sus propias premisas y con una frecuencia aleatoria.

No es cuestión tampoco de exagerar más de la cuenta. Muchas formas de entender el presente ya no son exactamente iguales, pero no menos cierto es que algunas tradiciones continúan con su esquema histórico, con pequeñas variantes, pero sin perder jamás su esencia.

El cambio como tal asusta por sus antecedentes en determinados campos, pero muchas actividades han permanecido indemnes ante los embates coyunturales, las modas ocasionales y hasta los delirios emergentes. No todo es modificable. Quizás se han modernizado los modos o agilizado los procesos, pero el núcleo central sigue intacto y probablemente continué así sin grandes saltos al vacío.

Lo inteligente sería tomar nota y como ha pasado miles de veces, ante un hecho relevante hay que asumir con hidalguía el tropiezo, aprendiendo de él y pensando activamente como estar mejor dispuesto para un próximo acontecimiento de similares características.

Evitar que algo que puede reiterarse se replique es la tarea. Hacerse el distraído y suponer que fue un hito aislado no parece ser la postura adecuada a considerar. Prevenir es una actitud astuta para minimizar el siguiente incidente parecido.

Sin embargo, esto que hace la especie con una lógica irrefutable en muchas dimensiones de la cotidianeidad está costando adoptar en demasiadas generaciones contemporáneas. La inmovilidad ante la evidencia se torna casi inadmisible. Abundan las experiencias que ya han demostrado cuales son los talentos que hay que desarrollar para soportar lo que pueda venir.

La adaptabilidad es indudablemente uno de los principales protagonistas de este tiempo. Los que rápidamente encuentran la forma de eludir los inconvenientes o enfrentarlos con sagacidad consiguen avanzar hacia el siguiente reto.

Para eso hay que comprender ese mecanismo casi a la perfección, estar muy atentos a la información, detenerse para estudiar lo suficiente y desentrañar el fondo de la cuestión para luego trazar una estrategia preventiva que posibilite esperar con chances de triunfar la llegada de esa nueva fase que avisó con cierto margen de maniobra.

Se trata obviamente de tener algo de visión, pero también de no perder el tren acerca de los debates que siempre anticipan lo que se aproxima. Son muy pocos los hechos que sorprendieron completamente y tomaron a todos desprevenidos.

Lo que sí ha existido siempre son datos incipientes que son explorados mientras algo está naciendo, y también se pueden identificar a millones de individuos decidiendo ignorar deliberadamente lo que se estaba gestando sin disimulo alguno.

Es muy difícil saber lo que sucederá pronto. Nadie pretende que aparezca un ejército de adivinos, pero es importante trabajar duro en adquirir los instrumentos necesarios para transitar el futuro.

Adaptarse es una de las claves vitales y eso requiere de una serie de virtudes a desarrollar. Una mente suficientemente abierta como para escuchar ideas disruptivas, rodearse de gente más inteligente para poder aprender de otros, aceptar las recomendaciones más agudas para luego seleccionar las superadoras que permitan surfear la ola, son algunas de las herramientas que habrá que adquirir en este trayecto.

Nada puede garantizar que con eso alcance, pero si se puede aseverar que quien no tenga la capacidad para entender la volatilidad de esta etapa de la humanidad, le resultará mucho más difícil llegar a sus objetivos. Sin formación, sin entrenamiento, sin una gimnasia en estas lides todo se hará cuesta arriba.

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