La inflación paralela

Una entrevista de Fabiana Culshaw al director ejecutivo del Centro de Estudios de la Realidad Económica y Social (CERES), Ignacio Munyo, publicada esta semana por el diario El País, incursionó, entre otros temas, con el del atraso cambiario.

El reconocido profesional, manifestó que midiendo la situación en relación al tipo de cambio actual con el promedio histórico, habría un 25% de atraso en el valor del dólar.

“Que haya atraso cambiario no quiere decir que sea fácil de salir, y mucho menos, que se vaya a salir”, señaló y esto merece un comentario al margen.

La última palabra en materia económica, la tienen en el mundo y como no podría ser de otra manera, los economistas.

Sin embargo, cuando un experto de la talla de Ignacio Munyo declara estar poniendo sobre la mesa la complejidad del asunto y de los conflictos que la situación acarrea, sin vislumbrar una posible pronta solución, invita a la reflexión.  

Es un hecho de la realidad que uno de los indicadores que más pesa en las estadísticas y que llevan al país a figurar entre las economías más saneadas de América Latina, es el índice de inflación medido en la moneda local. El director ejecutivo de CERES señala que: “…la planificación macroeconómica que tiene el gobierno, incluye un compromiso con que la inflación entre en el rango meta del Banco Central (BCU) de entre 3% y 6%. Según la dinámica histórica entre la inflación y el dólar, para que la inflación quede adentro del 6% a fin de año, el dólar debería estar cercano a $ 37.

El propio Munyo señala que si el dólar subiera de los actuales $37 a $42, “…la inflación compatible con ese dólar, sería del 8%. Y ahí está el conflicto”

Nadie puede criticar la conducción económica que ha llevado el país. Actualmente, y para dar idea del altísimo nivel logrado, cabe señalar que Uruguay ocupa el puesto 27 a nivel mundial en el prestigioso Índice de Libertad Económica 2023 que publica The Heritage Foundation, ubicándose en un excelente cuarto lugar en las Américas, superado solamente por Canadá, Chile y Estados Unidos, en ese orden.

Los buenos números y el equilibrio alcanzados, arrastran sin embargo un claro llamado de atención ante la injusticia que el atraso cambiario que lleva décadas, depara a aquellos cuyos ingresos, de una u otra forma, están ligados a la moneda americana. Y es que quienes transforman sus dólares a pesos a un tipo de cambio subvaluado, están obligados a sostener en forma discriminatoria el rango de inflación proyectado por el Banco Central, cargando con los costos.

Es muy difícil estimar el número de afectados reales por esta injusta situación. Aquí no entran sólo los productores agropecuarios cuyos productos cotizan en la moneda estadounidense. Entran también y tan solo a modo de ejemplo, muchos exportadores y hasta quienes reciben remesas o pensiones jubilatorias desde el exterior, que muchas veces son necesarias para subsistir.

Una evidente transferencia de recursos y una categorización impuesta, poco ortodoxa y mucho menos justificable, entre quienes reciben sus ingresos en pesos y quienes lo hacen en dólares.

Y en esto, la libertad económica, parece tener una severa falla.

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