Recapacitando

«He estado tiempo muy enfadado con el siglo XXI porque veía que todo lo que pasaba, de Trump a Putin, eran cosas feas. Incluso el lenguaje de la gente a través de las redes sociales y a través de las tecnologías, degradando muchísimo. Y a mí el lenguaje me importa mucho».

Con esas palabras reseñadas por el diario El Observador esta semana, Joaquín Sabina, uno de esos clásicos representantes de la izquierda cultural, confesaba al público que su veleta ha percibido que los vientos cambian. Al parecer para él -como para tantos otros que en el pasado lo acompañaban – ya dejó de valer la pena darse de bruces contra la realidad, para sostener una utopía cuyos pretendidos valores se han diluido en la noche de los tiempos.

«El fracaso del comunismo ha sido feroz. La deriva de la izquierda latinoamericana me rompe el corazón, justamente por haber sido tan de izquierdas. Ahora ya no lo soy tanto porque tengo ojos, oídos y cabeza para ver lo que está pasando. Y es muy triste». Sin embargo, «el otro día pensando que estaba demasiado pesimista, me puse a pensar qué cosas buenas habían pasado en el siglo XXI, y me acordé de qué manera se había conseguido pronto y bien una vacuna para la covid. Me acordé que todas las revoluciones del siglo XX fracasaron estrepitosamente, y que la única que avanza es el feminismo y el LGTB».

En paralelo a estas declaraciones, su colega catalán Joan Manuel Serrat con quien tantos espectáculos han realizado en conjunto, se abrazaba en Santiago con el presidente chileno Gabriel Boric. El mandatario ha comprendido el estrepitoso fracaso de un intento de reforma constitucional al que los chilenos rechazaron de plano y ensaya una política de centro izquierda claramente definida. En contra de lo esperado por sus compañeros de coalición, ha reconocido el hecho de que Cuba, Venezuela y Nicaragua, distan mucho de poder considerarse democracias.

Objetivamente, la racionalidad que aflora por estos días y es manifestada por los artistas, no debería entusiasmar a quienes desde la extrema derecha buscan pretextos para imponer sus perimidas prepotencias.

Latinoamérica vive una etapa trascendental donde por primera vez en mucho tiempo, las ideas de la libertad parecen poder visualizarse con claridad y al centro, uniendo a derechas e izquierdas a partir del diálogo, en la defensa de los principios y valores que a todos nos consta se deben proteger.

Un tiempo fermental a partir del cual comunistas, fascistas y mercantilistas de varias generaciones, deberían ponerse a reflexionar, para ponerse a la altura de las circunstancias.

Serrat y Sabina han madurado musicalmente con el nuevo siglo, pero no han perdido vigencia. Sus valiosos aportes y su influencia artística no pueden ser desplazadas por la moda contagiosa del reggaetón. A esta altura de sus carreras, pueden darse el lujo de razonar antes de hablar.

Identificarse con la justicia social, la educación, la cultura y el humanismo, no admite más fanatismos o irracionalidad.

Al parecer, llegó la hora de recapacitar. 

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