Camino a la siguiente escala electoral

En un año repleto de incertidumbre se cumplimentó la primera fase de esta secuencia determinante para el porvenir de una nación que anhela progresar pero que continúa girando en círculos desde hace décadas.

Durante varios meses muchas de las provincias argentinas fueron aprovechando a pleno el espíritu federal que explicita la Constitución Nacional con enorme claridad y que las normativas locales confirman instrumentalmente.

Bajo ese paradigma la inmensa mayoría de los distritos prefirió esquivar el confuso panorama general y adelantaron sus propios comicios domésticos. Los oficialismos de cada ámbito optaron por asegurar sus triunfos, o al menos intentaron evitar una gran dispersión como producto de la razonable nacionalización de la campaña.

Hoy, con el diario del lunes, se pueden hacer evaluaciones de todo orden, pero en aquel contexto tan ambiguo fueron muchos los que especularon buscando alguna clase de refugio ante la falta de garantías objetivas.

Ahora el horizonte es otro. Con las PASO concluidas se han disipado algunas incógnitas. Ya se resolvieron, por lo menos desde las formalidades, los dilemas internos de aquellas fuerzas que disputaban sus liderazgos.

Desde lo político la meta de ir a las urnas con normalidad en esta primera escala también se cumplimentó con un arsenal variado de turbulencias esperadas, pero sin el temible colapso que siempre merodea en cada análisis que hacen los especialistas más alarmistas a la hora de pronosticar.

El nuevo intríngulis empieza ahora, en este valle que transcurre desde las primarias de agosto al turno próximo de octubre, el de la elección general, esa en la que efectivamente se definen posiciones relativas de los candidatos, y un eventual desenlace rápido, como así también la chance de apelar al ballotage para finalizar la compulsa.

No menos significativo es observar el mapa legislativo ya que la conformación del Congreso quedará perfilada en la elección general sin segundas instancias y en forma independiente a lo que pueda ocurrir con quien sea seleccionado como nuevo mandatario.

Los números obtenidos en esta ocasión orientan parcialmente, pero no son los definitivos de manera alguna. A muchos les gusta decir que la primaria funciona como una primera vuelta. Es cierto que en ciertas oportunidades operó de ese modo, pero en otros casos fue imprescindible llegar al tope para conocer al ganador.

Si bien hay distancias entre las alianzas que podrían parecer inalcanzables, otras son completamente circunstanciales y sería peligroso dar por cerrado el asunto confiando en los antecedentes. La historia puede repetirse, pero también es posible que ocurran situaciones en este devenir y eso altere la lógica inercial.

Es siempre difícil proyectar en el aire, fundamentalmente porque es muy complejo imaginar cuanta gente votará en el turno oficial. Suponer que se repetirán todas las cifras puede resultar muy infantil. Habitualmente una elección general presidencial genera más atractivo que cualquier otra y por eso comparar desempeños puede ser una actitud muy temeraria.

Por otro lado, en tiempos de bronca y apatía, de enojo e impotencia hacer predicciones puede ser un síntoma de soberbia intelectual. Quizás convenga apegarse más al sentido común y a la prudencia para no quedar en falsa escuadra.

Habrá que tener paciencia y esperar para tener más precisiones. Los sectores políticos trazarán sus nuevas estrategias ahora que tienen más elementos tangibles y utilizarán al máximo todas las herramientas para reforzar lo hecho o para revertir su cosecha anterior.

Lo que también preocupa es la economía, qué en un país tan frágil y vulnerable como éste, siempre baila al ritmo de lo que propone la política. No sería esta la primera vez que todo se mueve tomando nota de lo que dicen las urnas.

Las expectativas juegan en esto un rol clave. Lo que los mercados creen que acontecerá condiciona el movimiento de muchas variables y eso puede luego provocar a su vez consecuencias también en lo electoral.

El gobierno, mientras tanto, tiene la responsabilidad de administrar con criterio hasta el 10 de diciembre. Hacerlo bajo esta dinámica no será sencillo, porque en esto es “juez y parte”. Tiene funciones que cumplir, pero es parte de la competencia política y eso pone al oficialismo en una disyuntiva muy singular.

La oposición al mismo tiempo sabe que si obtiene una victoria heredará un estado de situación que ya viene deteriorándose hace meses, con problemas estructurales de larga data que podrían empeorar inclusive en este esquema tan particular.

Se terminó una etapa del proceso electoral. Viene la siguiente con más interrogantes que respuestas, con más dudas que certezas. Todo eso en un marco de angustias ciudadanas indudables, con gente que reclama soluciones inmediatas y que no está dispuesta a soportar más delirios.

Es el momento de analizar minuciosamente, sin exitismos ni lecturas superficiales, de reflexionar sobre la información que se deriva del domingo, para entender lo que pasó y para comprender lo que podría suceder en la siguiente etapa.

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