El natural transitar del péndulo

El diario La Nación de Buenos Aires, publicó esta semana declaraciones del expresidente uruguayo José (Pepe) Mujica, generadas a raíz del discurso pronunciado en Davos, Suiza, por el presidente argentino Javier Milei.

Según el referido artículo, el exmandatario uruguayo habría participado a los 13 o 14 años, “militando” en la denominada Agrupación Reforma Universitaria, de inspiración libertaria, corriente de pensamiento con la que se identifica a Milei.

Mujica cuestionó la condición de libertario del presidente argentino recordando los postulados de aquellos libertarios de su infancia que, según recuerda, pregonaban lo siguiente: “Nosotros, los trabajadores, no somos parásitos, no vivimos a costillas de los demás. [Los de la agrupación] hacían una cuestión de la solidaridad, de la fundación de bibliotecas, de las agrupaciones de fraternidad, de las fundaciones civiles para pelear por la salud, por la educación y la formación de la gente. Eran francamente idealistas, se llamaban libertarios con orgullo, eran anti-estado pero ferozmente anticapitalistas” (el resaltado es nuestro).

La observación de Mujica resulta muy atinada, aunque modestamente intuimos que a partir del “pero”, las dos últimas palabras de la frase fueron improvisadas y agregadas por él.

En 1948, la influencia de Alexis de Tocqueville y de su obra La Democracia en América, todavía despertaban en el Uruguay anhelos de Estado reducido y de autogestión ciudadana. Cabe recordar que ya en ese momento, tanto la Universidad de la República como la Biblioteca Nacional, eran entidades públicas y gratuitas, financiadas por todos los uruguayos.

Aquel sano idealismo de clara matriz liberal del que parece haber participado el exmandatario, se terminó de truncar a partir de la llegada del neobatllismo, de la mano populista de Luis Batlle Berres.

Tocqueville desapareció de las bibliotecas y el estatismo pasó a dominar la escena, donde continúa hasta nuestros días.

Una década después, la Revolución Cubana y la doctrina del hombre nuevo promovida por el Che Guevara, irrumpieron en Latinoamérica para desviar el pensamiento de muchos idealistas hacia postulados que nada tenían que ver con sus primeras aproximaciones a los sanos idealismos que inicialmente los convocaron.

Y es por esa razón, que, a nuestro juicio, las últimas palabras de ese párrafo de su declaración estarían de más.

Lo que no está de más es su señalamiento de que Javier Milei, enarbola la bandera de un anarcocapitalismo salvaje, que nada tiene que ver con los liberales, ni con el pensamiento liberal, ni con el individualismo, ni con la libre competencia.

Es el triste transitar veloz del péndulo, que lejos de buscar el centro dentro del cual las ideas se amalgamen, opta por un extremismo destructivo del que no se logra salir por la caprichosa actitud de los protagonistas.

De no haber existido un Foro de San Pablo en respaldo de la continuidad de las dictaduras opresivas de Cuba, Venezuela y Nicaragua – tan solo por mencionar a los tres más destacados ejemplos de oscurantismo que siguen latentes y procurando contagiar al resto de los países – Latinoamérica no habría generado reacciones tan extremas como las de un Bolsonaro en Brasil, que se prepara a retornar, un José Antonio Kast en Chile, o un Milei en Argentina cuyas verdaderas intenciones y posible respaldo incondicional a monopolios y oligopolios todavía no logramos calibrar.

Hace bien Mujica en recordar sus días de tierna juventud y de inicio en la política. Tal vez en ese camino descubra la importancia de rectificar el rumbo y de abrazar, esta vez sin segundas intenciones, las ideas de la libertad.

Y concluye el artículo de La Nación con las últimas palabras de Mujica al respecto, las cuales podrían aplicar, como si de mirarse al espejo se tratara, a sus propios extremismos:

“¿A qué extremo se puede llegar en una inteligencia media cuando se cae en el abismo del fanatismo? Es sinceramente como una caricatura del pensamiento humano. Ojalá podamos despertar. Ojalá sea posible despertar”.

Ojalá que así sea para que el péndulo, finalmente, se posicione en un centro de debate democrático, alejado de autoritarismos y personalismos, enfocado en el bienestar, la libertad de elegir y la prosperidad de cada ciudadano.

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