Georadar para uso forense

Hace algunos días, el diario El País informaba sobre el ingreso de autoridades de la Institución Nacional de Derechos Humanos y Defensoría del Pueblo (INDDHH) y del Ministerio de Defensa al predio donde se ubica el Batallón 14. La visita se realizaba debido a las declaraciones aportadas por un militar retirado, quien habría informado conocer y poder confirmar la ubicación de posibles enterramientos en ese lugar.

El testimonio de personas que hayan podido presenciar situaciones de tan extrema gravedad y que cinco décadas después estén dispuestos a dar testimonio de sus vivencias, resulta invalorable a la hora de aclarar hechos tan lamentables.

Sin embargo, un período de tiempo tan prolongado podría fácilmente llamar a una confusión involuntaria a quien, por muy buena disposición que tenga, intente señalar puntos específicos donde se autorice y se proceda a realizar excavaciones.

Es fácil imaginar los cambios que terreno y vegetación puedan haber tenido a lo largo de cincuenta años y cuán diferente puede mostrarse a los ojos de un testigo. Es de suponer que su memoria conserve muy probablemente una imagen difusa, asociada al estado de shock vivido en aquella época y ante tales circunstancias.

Para evitar ese tipo de confusiones que suelen presentarse en condiciones similares y facilitar la tarea, quienes se dedican a este tipo de investigación forense, utilizan por lo general tecnología georadar, como herramienta insustituible previo a cualquier intervención.

Esa tecnología habría sido utilizada sin éxito para esa misma aplicación en el país, pero, de ser ese el caso, desconocemos si los equipos utilizados o la experiencia de los operadores a cargo hayan sido los más adecuados.

A modo de ejemplo y sin salir de Sudamérica, existen organismos de gran prestigio que incluyen dentro de sus actividades cotidianas la búsqueda de desaparecidos. Tal es el caso de la Fiscalía General de la Nación de Colombia, la cual, desde hace varios años, utiliza esa herramienta como un aliado irreemplazable en la tarea.

El georadar trabaja emitiendo una señal electromagnética y determinando el cambio de constante dieléctrica de los materiales que atraviesa. Esto significa que, una vez removido el suelo, los cambios producidos en él son fácilmente detectables y de claro contraste con el suelo original que permanece inalterado. Esos cambios pueden observarse fácilmente con un equipo con la frecuencia de antena y calidad de tecnología adecuada para hacerlo, y sus resultados pueden documentarse incorporando los radargramas (imágenes) a los informes. Una vez ubicados los sitios sospechosos de haber sido removidos, se procede con fundamento a la búsqueda minuciosa de posibles anomalías. De esa manera, es posible determinar la existencia de puntos de interés y proceder con una cuidadosa excavación, al conocerse la profundidad a la que se encuentra la anomalía detectada.

Más allá del posible desconocimiento de la existencia y capacidades de esta tecnología, cuesta entender las razones por las cuales, en la mayoría de los casos, se procede directamente a excavar, alterando de esa manera el suelo y trabajando a ciegas, por intuición o mediante el uso de técnicas poco confiables. Se pierde así la oportunidad de levantar previamente una información veraz, mediante el uso de una técnica de amplia aceptación y eficacia comprobada en el área forense.

Un tema de alta sensibilidad, que debería ser tratado de forma acorde con su importancia.  

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