Las mujeres cataríes empiezan a romper las barreras de la discriminación

Doha, 3 ene (EFE).- Casarse, estudiar o salir del país son derechos que muchas mujeres cataríes no pueden ejercer sin el consentimiento de un hombre, aunque una nueva generación de mujeres se esfuerza por romper barreras, trata de eludir los límites impuestos por una cultura discriminatoria y convertirse en un motor del cambio económico y social del país.

El sistema de tutela masculina catarí obliga a las mujeres a obtener autorización de un varón (padres, hermanos o su marido, si está casada) para ejercer casi cualquier tipo de derechos fundamentales.

Tampoco pueden tomar decisiones sobre la vida de sus hijos o ejercer la custodia en caso de divorcio. Normas cuya aplicación depende de lo estricta que sea o no cada familia, por lo que el empuje de las mujeres y la apertura cultural es clave.

En su informe titulado “Todo lo que tengo que hacer está ligado a un hombre” Human Rights Watch (HRW) subraya cómo este modelo de tutela masculina en Catar no es un sistema legal claro sino una mezcla de leyes, políticas y prácticas en virtud de las cuales las mujeres adultas deben obtener el permiso de un tutor varón para realizar determinadas actividades.

Tampoco tienen capacidad de decisión sobre las mujeres (hasta cuatro, según la ley), con las que sus maridos pueden contraer matrimonio de manera simultánea. Una vez casada, se puede considerar a la mujer “desobediente” si no obtiene el permiso de su esposo para trabajar o viajar, si abandona el hogar o se niega a mantener relaciones sexuales con él sin una razón “legítima”, apunta el informe.

Unas normas que impone la propia Ley de Familia del país, que establece que la tutela termina cuando las personas cumplen 18 años, aunque en la práctica se aplique durante toda su vida dependiendo de cada situación. Aunque la propia Constitución del país establece la igualdad ante la ley sin discriminación por razón de sexo, se trata de un modelo cultural que se aplica de facto.

Por otro lado, la falta de legislación sobre violencia doméstica deja a las mujeres desamparadas y expuestas a posibles abusos por parte de maridos o familiares.

“Las mujeres en Catar han derribado obstáculos y logrado importantes avances en áreas como la educación; sin embargo, aún tienen que enfrentarse a normas oficiales de tutela masculina que limitan su capacidad de llevar adelante vidas plenas, productivas e independientes”, señala Rothna Begum, investigadora de derechos de la mujer de HRW.

Una discriminación que en la práctica es diferente siempre que tengan la suerte de contar con una familia de mentalidad abierta que les permita formar parte de esas nuevas generaciones de mujeres empoderadas que han alcanzado las cotas más altas en el tejido empresarial y político del país.

Se divorcian y viajan sin permiso y pueden montar negocios, algo impensable para generaciones pasadas. Es la nueva ola de la sociedad catarí en su empuje por cambiar la enorme desigualdad de género del emirato.

“Nunca he sentido que se me prive de ningún derecho a viajar, estudiar o trabajar por la ley. Además, para ser sincera, soy madre ‘soltera’, estoy divorciada y soy responsable de un hijo de ocho años. La familia siempre me ha dado apoyo, y no es solo mi caso personal. Muchas mujeres que conozco cuentan con un gran apoyo de sus familias para continuar su carrera”, detalla a EFE Fatima Sultan Al Kuwari, directora de Recursos Humanos del gigante de las telecomunicaciones catarí Ooredoo.

En este sentido, en las empresas privadas las mujeres han encontrado un espacio en el que ser libres y crecer sin impedimentos culturales o legales, con licencias por maternidad, equilibrio entre la vida laboral y familiar, teletrabajo, trabajo a tiempo parcial o flexibilidad.

“Las mujeres están realmente empoderadas aquí (…) Hay muchas mujeres emprendedoras que han impulsado sus negocios con mucho éxito, han logrado muchos éxitos en su carrera como emprendedoras en diferentes industrias. Ya sea moda, diseño, finanzas, tecnología… y también de mi generación, fuimos la segunda que se graduó en Informática a finales de los noventa”, destaca Al Kuwari.

Una revolución que no solo afecta a la empresa privada sino también al Gobierno catarí. “Si observamos la distribución del gabinete actual y de los ministros aquí en Catar, tenemos tres mujeres muy poderosas que lideran el sector de la salud (la doctora Hanan Mohamed Al Kuwari), muy importante; el sector educativo (Buthaina bint Ali Al Jabr Al Nuaimi), un sector muy crítico, y también en Asuntos Sociales y Familiares (Mariam bint Ali bin Nasser Al Misnad)”, destaca.

Un total de tres mujeres ministras de las 18 carteras que tiene el Gobierno catarí.

EMPRENDEDORAS Y EMPODERADAS

Las mujeres cataríes necesitan el permiso del tutor varón para trabajar en muchos empleos del Gobierno, como ministerios y escuelas estatales. Si bien ninguna ley exige a las mujeres tener permiso del tutor para trabajar, tampoco hay leyes que prohíban discriminar a las mujeres en el proceso de reclutamiento, según indica el informe de HRW.

La pionera en abrir un negocio en Catar siendo mujer fue Shams Al-Qassabi. Derribó todas las barreras culturales y se hizo respetar en todo el emirato gracias a su fuerza de voluntad y su humildad.

Al-Qassabi empezó de cero haciendo salsas y abrió, cuando era absolutamente impensable para una mujer, un pequeño café en 2004 en el centro del zoco de Doha que ahora es uno de los restaurantes más famosos del país, y por el que no solo pasan famosos de talla internacional sino también miembros de la familia del emir.

“Al inicio cuando abrí el café estaba rodeada de hombres y mi familia dejó de hablarme. Pero poco a poco fui afrontando los desafíos de ir contra las normas culturales (…) Las mujeres no podían trabajar en un ambiente mixto de hombres y mujeres. No es sobre el país o la religión, era más un conflicto sobre la mentalidad de la gente”, destaca a EFE Al-Qassabi, que considera que el apoyo de la familia del emir fue vital para poder avanzar.

Las nuevas generaciones han aprovechado esta valentía. Ahora la chef Noor al Mazroei es uno de los máximos exponentes de la nueva cocina catarí y arrancó su carrera haciendo recetas y subiendo sus videos a redes sociales como Instagram (@noor_almazroei).

“Creo que ser mujer en Catar es tener suerte. Estamos muy empoderadas y tenemos todas las oportunidades para trabajar donde queramos y cómo queramos”, destaca la chef a EFE.

Sobre las restricciones o la tutela masculina, Al Mazroei lo tiene claro, se trata de algo cultural. “Las mujeres pueden viajar donde quieran y tienen puestos muy importantes en el Gobierno, doctoras, responsables en las empresas (…) Incluso si tu tutor es tu padre o tu marido es algo que tu eliges, no es algo a lo que te obligan (…) Generalmente viajamos todos juntos en familia todo el tiempo. Es nuestra cultura”, destaca.

A pesar de eso, según el informe de HRW, para viajar al extranjero las mujeres cataríes no casadas deben obtener permiso del tutor, que puede prohibirles viajar.

Como parte de su investigación, en 2020 documentaron detenciones por parte de funcionarios aeroportuarios de mujeres que viajaban sin un familiar varón ante el riesgo de que pudieran estar “escapando”. En estos casos, necesitaron una llamada a sus tutores para comprobar si les autorizaban ese viaje.

“Cuando hablamos de derechos de las mujeres es un problema global. No está relacionado con un país u otro. Pero si hablamos de Catar, desde mi experiencia he tenido suerte de haber nacido aquí porque las oportunidades son ilimitadas”, destaca a EFE Fatma Al-Nuaimi, directora de Comunicación de Qatar 2022.

“Estoy orgullosa de que más del 50 % de mi equipo de trabajo sean mujeres. En un evento de fútbol en el que mayoritariamente predominan los hombres (…) puedes ver una participación real y justa en diversidad e igualdad de género”, añade.

EL MOMENTO DEL CAMBIO

Las mujeres extranjeras en Catar también han tenido que adaptarse a una cultura que en principio les era adversa. Michelle Ancona es abogada mexicana y lleva 10 años en el país.

“En el trabajo me consideran igual. Sin problemas. Es una de las ideas equivocadas del país (…) Sí hay diferencia, pero no hay nada a lo que no te puedas adaptar”, afirma.

“Las mujeres cataríes han cambiado mucho de diez años para acá y ahora hay muchas más mujeres que están estudiando fuera y tienen mucha más sensibilidad”, añade.

Un momento clave en un país en continua evolución y mejora de sus leyes y normativas de igualdad de género, normas que llegan poco a poco también a las empresas.

“Vemos que es necesario implementar más cursos y campañas de sensibilización sobre temas de discriminación, e incluir los problemas de violencia y acoso en el lugar de trabajo”, destaca Max Tuñón, jefe de la oficina de la Organización Internacional del Trabajo (OIT) en Catar.

La OIT, dice Tuñón, trabaja con el Gobierno catarí para “promover enfoques en la inspección del trabajo que tengan más en cuenta las cuestiones de género, a fin de identificar y resolver los problemas específicos a los que se pueden enfrentar las mujeres”.

Como motor de ese cambio se encuentra la educación. A pesar de que los centros estatales de enseñanza superior como la Universidad de Qatar o el Community College siguen teniendo campus segregados por sexos, otras privadas como la Qatar Foundation cuentan ya con campus mixtos y son el motor de la nueva ola de pensamiento en el país.

“Tuve la oportunidad de estudiar lo que quise estudiar. Y luego tuve la oportunidad de ocupar una posición de liderazgo en la Ciudad de la Educación de Qatar Foundation (como se conoce su centro de estudios universitarios) y liderar estos esfuerzos en la educación superior», destaca Hend Zeinal, directora ejecutiva de Estrategia y Gestión de Enseñanza Superior de dicha institución.

«Creemos en todos los miembros de nuestra comunidad, pero también creemos en nuestras mujeres. La Fundación está dirigida por mujeres. Estamos muy orgullosos de ello”, agrega.

En esta Ciudad de la Educación la mayoría de los alumnos son mujeres que pueden estudiar en hasta nueve campus, seis universidades estadounidenses, una francesa, una británica y una catarí. “No hay estigmas o barreras cuando llegan a la educación superior. Estamos muy satisfechos de eso”, añade.

Un avance y unas mejoras necesarias para un país comprometido con el cambio. Como destaca Al Kuwari, acostumbrada a tratar con personas en el gigante Ooredoo, “nunca podremos lograr el empoderamiento de las mujeres sin que las mujeres empoderen a las mujeres, pero también los hombres empoderen a las mujeres. Eso es muy importante”. EFE

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