Un muro cultural aún sin derribar

El filósofo ruso Aleksandr Duguin (Moscú, 7 de enero de 1962) en su libro titulado Fundamentos de Geopolítica: el futuro geopolítico de Rusia (1997), analiza el papel trascendental de la geopolítica en el mundo moderno y traza el camino que debería seguir Rusia para para volver a convertirse en imperio.

Entre otras sugerencias, el autor recomienda la invasión de Georgia y Ucrania, la promoción de la separación de Reino Unido de la Unión Europea y el fomento de divisiones internas en Estados Unidos.

Esta información ha sido destacada en un interesante artículo de Juan Pablo Iglesias titulado “El Libro que predijo las guerras de Putin”, publicado hace algunos días por el diario La Tercera de Santiago de Chile. El análisis abre la interrogante de hasta dónde podría llegar la brecha cultural que separa a la Rusia actual de Occidente, a partir de la influencia del filósofo ruso en la cultura de su país.

El libro de Duguin y los principios en él contenidos habrían sido enseñados en las escuelas, siendo además texto obligatorio en la Academia militar rusa. El autor llegó a dirigir el Departamento de Sociología y Relaciones Internacionales de la Universidad Estatal de Moscú
Según documenta Iglesias, el profesor Duguin desarrolla su obra a partir de pensadores como el británico Halford Mackinder, y el alemán Karl Haushofer, cuyas ideas inspiraron la locura expansionista de Hitler y afirma que Rusia volvería a ser un imperio si se siguen sus recomendaciones.

Al parecer, Duguin ve a Finlandia como parte integral de Rusia, a las repúblicas bálticas de Lituania y Letonia con un estatus especial en la esfera rusa y a Estonia como parte de la esfera de influencia de Alemania.

Iglesias resalta que Duguin ha sido considerado por algunos como “el filósofo más peligroso de la actualidad” con una visión antiliberal y antiglobalización del mundo. Según el analista, Duguin piensa que el marxismo, el fascismo-nazismo y el liberalismo fracasaron. En otro de sus libros, La cuarta teoría política (2009), habla de un “populismo integral” para luchar contra el universalismo unificador y el individualismo liberal, publicación que integra las bibliotecas de muchos de los políticos populistas de Occidente.

Ante tan asombrosos proyectos plasmados en un libro publicado hace veinticinco años de alta circulación en Rusia, reafirmados en 2009 con otra publicación de similar tenor, cabe preguntarse qué atendían los miles y miles de diplomáticos occidentales que durante todos estos años cumplieron funciones en Moscú.

No haber podido detectar algo que ni siquiera se manejaba secretamente y que formaba parte de una cultura a la que no supieron escuchar, mucho menos interpretar, para haber actuado en consonancia con esa realidad mientras había tiempo, es algo difícil de aceptar.
Los hechos nos han sacudido de un letargo ideológico que nos adormeció.
Llegó la hora de reaccionar.

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