Sobre la calidad de la democracia

Días atrás fuimos participe de un nuevo acto eleccionario donde se dilucidaba la derogación o no de 135 artículos de la Ley de Urgente Consideración. Amén del resultado, que no es relevante a efectos de las líneas que proceden, vale la pena hablar sobre algunas situaciones que se generan en todos los procesos eleccionarios en Uruguay y que, a modo personal, menoscaban la calidad democrática del sistema.

Cuando el electorado vota, manifiesta su voluntad de forma individual en favor de alguna de las opciones disponibles, la opción que más voluntades a su favor tenga, será la vencedora o resultará beneficiada con más escaños, según la clase de elección que sea. Por el momento, no vislumbramos ninguna dificultad, más aún que las democracias modernas han llegado a ser un modelo donde todos puedan participar como electores o elegidos y que se caracteriza por la autonomía de los poderes, la libertad de expresión, de información, limitación del poder, rendición de cuentas hacia la ciudadanía, por mencionar algunas.

Ahora bien, hay dos temas centrales que me interesa comentar en esta ocasión que nacen de la siguiente pregunta. ¿sabemos realmente qué y a quién votamos?

Empezaremos primero a entender si efectivamente conocemos lo qué votamos, y con el ejemplo de la votación por la derogación de los artículos de la LUC. Mas allá de la sencillez aparente de elegir entre las opciones SI, NO, en blanco, anulado, o directamente no votar, la posibilidad de elegir entre las dos primeras no es una fácil decisión. En esta elección, que nació y fue llevada de la mano a separarse en dos opciones político-partidarias, se dejó de lado por diferentes motivos, el análisis puro y duro de los 135 artículos, porque aunque usted sea un ciudadano responsable, que quiere tener la objetividad suficiente para elegir libremente, y haya leído los 135 artículos con la capacidad de análisis que supone, lamentablemente no le alcanza. Simplemente porque resulta inviable para el ciudadano de a pie, conocer y entender todas las implicancias legales, económicas y sociales que puede generar la aplicación o no, de cada uno de los artículos. Por esta razón, es que no terminamos sabiendo qué es lo que estamos votando. Los defensores de cada una de las facciones, nos envían sus argumentos, por supuesto que de forma subjetiva, con dos lecturas distintas sobre la misma situación, lo que genera sobre el elector, además, la duda de si alguno de los dos argumentos es válido, si lo son los dos, o ninguno.

Para entender si efectivamente conocemos a quien votamos, tomaremos como ejemplo la elección de los representantes parlamentarios. La misma se realiza conjuntamente con la elección a Presidente de la República en la primera instancia que se realiza en el mes de Octubre y a través de ella, se definen los 99 integrantes de la Cámara de Diputados y los 30 integrantes de la Cámara de Senadores, además de sus respectivos suplentes. Sucede que la manifestación del voto por parte del electorado, se realiza por medio de listas conformadas por cierta cantidad de postulantes, en la cual, la elección de forma individual de cada uno no es posible. ¿Qué significa esto? Supongamos que decide votar un partido político en particular, y dentro del mismo, una lista en concreta, como cada una de las listas se identifica con un número, piense en cualquiera de ellas que conozca, lo que sucede es que si dentro de esa lista usted decide su voto porque la conforma una figura en particular, necesariamente está votando además, por todos los demás que la integran. ¿Qué termina generando esta situación? Que accede al Parlamento, que es el lugar que por definición, se conforma por representantes de la ciudadanía elegidos por ellos, que irónicamente, no hayan sido elegidos directamente y conscientemente por los electores.

Sería positivo para el fortalecimiento y el aumento de la calidad de la democracia, que la elección de representantes parlamentarios suponga una expresión manifiesta del votante por elegir a cada uno de ellos de forma individual, y será tarea de los candidatos a ocupar esas bancas, convencer al cuerpo electoral que son las personas idóneas para ser elegidas

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