El peligro de socializar las pérdidas

Por estas horas, en la vecina orilla se está suscitando un hecho tan insólito como polémico. El influencer Santiago Maratea está realizando una colecta económica cuyo beneficiario final es el Club Atlético Independiente de Avellaneda, uno de los grandes del fútbol profesional argentino, para subsanar de forma total o parcial, las deudas que tiene el club por un total de U$S 23 millones.

No es la primera colecta que organiza el Sr. Maratea, algunos de los propósitos incluyeron la compra de un medicamento para una bebé con atrofia muscular espinal por un monto de U$S 2 millones; el apoyo económico para la familia de Uriel, un bebé de 11 meses que padece de disgenesia e hipoacusia conductiva.

Bienvenido sea un acto que reúna a toda la sociedad con un objetivo común y que pueda ayudar a mejorar la calidad de vida de las personas.

La situación polémica que se da en esta situación en particular, radica en el mensaje que se transmite, y en qué sucederá de ahora en más.

Detrás de la administración económica y financiera de un club deportivo, al igual que en una empresa, en el Estado, y en cada uno de nuestros hogares, hay personas que tomamos decisiones todo el tiempo, y que por nuestra acción o por nuestra omisión generamos consecuencias.

Lejos de entrar en la polémica de si está bien o está mal lo que hace el Sr. Maratea, e independientemente del espíritu de la iniciativa, y asumiendo que de su parte manifiesta una noble voluntad, esta situación marca un hecho que nos debería dejar pensando.

¿Acaso los administradores dejan de ser responsables por la situación económica del club?

De ahora en más, ¿se trata de solucionar todos los problemas como por arte de magia sin ninguna consecuencia?, ¿comenzaremos a salvar empresas privadas, bancos, clubes, instituciones educativas, políticas, religiosas, médicas y de cualquier otro índole que tenga algún mínimo de riesgo propio, del mercado en el que opera o esté con dificultades?

Aunque algunas de las que mencionamos, ya las sustentamos en mayor o menor medida y de forma directa o indirecta, toda empresa, como un club deportivo, tiene un riesgo, y una mala administración económica y financiera lo puede llevar al final de sus días. No es nada mas ni nada menos que una posibilidad existente dentro del ciclo de vida de una empresa, como les ha sucedido a tantas, que en épocas de bonanza han crecido y ante dificultades y mala gestión han desaparecido.

Lo peligroso de esta acción en particular, es el pésimo mensaje que se envía al perfil de administrador irresponsable que ve como, sin importar como desarrolla su gestión, las consecuencias no le traerán inconvenientes ya que existe una nueva forma de subsanar sus perjuicios sin efectos negativos. Estamos eliminando cualquier incentivo a que las cosas se hagan de la forma correcta, y no funciona así.

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