Populismo liberal

La Fundación Libertad con sede en Rosario, Argentina, nació en 1988 a consecuencia de un viaje que realizara Mario Vargas Llosa a la región, el cual impulsara al escritor a concebir la idea.

Su guía y compañero en aquel recorrido latinoamericano cuyo objetivo era empaparse de la problemática económica y social de la región, resultó ser Gerardo Bongiovanni. Desde su inicio y hasta el presente, Bongiovanni ha sido el conductor designado para la compleja tarea de difundir las ideas de la libertad, en un contexto político y social donde el populismo ha reinado por más de siete décadas.

Empresarios, profesionales y fundamentalmente intelectuales, se han venido encontrando reiteradamente y año tras año, a lo largo de todo este tiempo. Sus múltiples proyectos se difunden y multiplican a través de REFUNDAR, Red de Fundaciones Argentinas, integrada por diversas organizaciones afines, diseminadas por todo el país. Mantiene además vínculos muy estrechos con entidades similares, ubicadas en España y en varios países América Latina.

Son tantas y de tan alto nivel las personalidades que suelen participar – incluso trasladándose desde distintas partes del mundo en ocasión de sus grandes eventos – que sería imposible mencionarlas sin correr el antipático riesgo de omitir a muchas de ellas.

Alcanzando ya el inimaginable número de los 1.500 invitados, la cena de gala desarrollada en Buenos Aires la semana pasada para festejar los 36 años de su creación, no pasó desapercibida.

En ese marco, el presidente uruguayo Luis Lacalle Pou fue uno de los elegidos para dirigirse a la concurrencia.

Su discurso que no habría durado más de 10 minutos, terminó siendo muy comentado por su contundente contenido, que en muchos casos sorprendió a los asistentes.

También llamó la atención a periodistas y políticos locales, que rápidamente intentaron aprovechar sus dichos para abonar sus respectivos intereses.

Y es que el discurso de Lacalle Pou en Fundación Libertad rompió con todos los estándares liberales. Si Javier Milei con su permanente reacción anarcocapitalista y de hecho abiertamente mercantilista, no encaja en la filosofía habitualmente entendida como “liberal”, la forma de entender el liberalismo manifestada por Lacalle encaja menos.

Veamos primero algunas de sus expresiones para pasar luego a destacar algunas de las reacciones.

El jueves 25 de abril, el diario La Nación de Buenos Aires destacaba lo siguiente del discurso del presidente de Uruguay: “No todos podemos disfrutar de la libertad. Acá, seguramente casi todos se vayan en auto, duerman calentitos, tus hijos estudian y mañana tiene laburo, y tienen salud decente. Ahora, qué difícil gozar de la libertad individual si se vive en un rancho, si no se tiene acceso a una buena salud, si mis hijos no estudian y por ende no tienen una luz al final del camino para esforzarse”, sostuvo ante un auditorio que lo aplaudió – con cierta “timidez”.

“Tenemos que tener un estado fuerte para que el individuo pueda gozar del ejercicio de la libertad”

“Frente al impacto de sus palabras, el mandatario reparó en que ´un Estado fuerte no quiere decir grande´ y remarcó que, por el contrario, ´no tiene que tener mucha dimensión´”. “Un Estado fuerte significa instituciones fuertes, para eso tiene que haber una clara separación de poderes. Tiene que haber una democracia fuerte”, resaltó y puso como ejemplo que en el país que gobierna la existencia de un sistema democrático fortalecido se debe a los partidos políticos.” Hasta aquí el resumen de lo reseñado por La Nación.

En realidad, y según la más básica observación de lo acontecido en el Uruguay gobernado por Lacalle Pou, en un país con un Estado sobredimensionado que ahoga, encarece, dificulta, demora y hace prácticamente inviable cualquier proyecto que se presente “por el mostrador”, el Estado que el presidente considera debe ser fuerte, no ha parado de crecer durante su mandato. Lo que sí al parecer se ha detenido, es el crecimiento económico del país.

En paralelo, su eficacia y fortaleza en áreas claves como seguridad, salud, educación y justicia, lejos está de ser percibida como eficiente por una inmensa mayoría.

Su discurso se vuelve populista a la luz de esa realidad.

Basta con ver algunas reacciones:

Los precandidatos a la presidencia del Frente amplio, Carolina Cosse y Yamandú Orsi, coincidieron por primera vez en mucho tiempo ante los dichos del presidente en Buenos Aires.

El diario El Observador de la mano de Diego Battiste, destacaba lo expresado por ambos.

Orsi, candidato del Movimiento de Participación Popular (MPP), declaraba en rueda de prensa que: «Jamás había coincidido tanto con el presidente. Ahora, me gustaría que eso que él plantea en un discurso para afuera, que en realidad fue para adentro, en la práctica se llevara a cabo». 

Por su parte, y según la misma información de prensa, Cosse, respaldada por el Pit-Cnt y el Partido Comunista, manifestaba en su cuenta de X lo siguiente: «¿Notaron que cuando se acercan las elecciones parece que todos los partidos somos progresistas? Ahora se habla de la importancia de fortalecer el Estado y me parece muy bien. Celebro la coincidencia, sobre todo porque se habla de la estrecha vinculación entre el rol del Estado y la libertad». «Hay dos formas de que el Estado esté presente. Una forma es en los discursos, otra forma es en el territorio».

La quinta esencia del batllismo, apareció también festejando y dando palmaditas en la espalda al presidente de la pluma de Leonardo Guzmán. El prestigioso columnista señalaba en el diario El País bajo el título No confundir con “liberal” lo siguiente: “Lacalle clavó banderillas. No se atuvo al culto del mercado ni a la indiferencia ante al (sic) destino ajeno de Ayn Ryan (sic) (entendemos refiere a Ayn Rand), admirada por Milei. Se mostró sensible a las limitaciones “si se vive en un rancho, si no se tiene acceso a una salud, si los hijos no estudian y no tienen una luz al final del camino para esforzarse”. Postuló la importancia de un Estado fuerte, en contraposición a Milei que acusa al Estado de ser “una organización criminal” y “un ladrón de todos los días”.

Los más sensibles o menos indiferentes al drama de la pobreza y de la falta de oportunidades, somos los liberales. No dudamos de que el Estado debe existir y debe ser tal vez no tan “fuerte” sino muy eficiente en las áreas ya mencionadas que hacen a la cohesión social y a la igualdad de oportunidades.

En todo lo demás, el Estado sobredimensionado arriesga convertirse en populismo, en demagogia, en opresión, en competencia desleal con el sector privado y en permanente foco de corrupción fomentado y hasta financiado por empresaurios mercantilistas, siempre listos a participar de la fiesta.

Podría decirse que, el presidente uruguayo en la cena de Buenos Aires se confundió de auditorio o aceleró y tal vez, … “se la fue la moto”.

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